Herramientas para transformar III: diversidad cultural

Un mundo de mil mundos

Nuestra situación es algo compleja: podemos afirmar que tenemos problemas modernos para los cuales no tenemos soluciones modernas. Eso le da a nuestro tiempo el carácter de transición: tenemos que hacer un esfuerzo muy exigente por reinventar la emancipación social.

Boaventura de Sousa Santos

La globalización ha puesto de relieve que, pese a los avances técnicos y científicos llevados a cabo por la humanidad, las sociedades modernas no han sido capaces de inventar e imaginar nuevas maneras de afrontar el fenómeno multicultural. Estamos en una era de desigualdad de derechos y riquezas global sin precedentes y junto con ella o, precisamente a causa de ella, el momento histórico de mayor movilidad (gran parte, forzosa) de personas a través del mundo. Esto nos lleva a una convivencia forzada y nada progresiva entre culturas que se mueven y culturas “receptoras”. A lo largo de la historia ha habido muchos ejemplos de cómo esta circunstancia, la multiculturalidad, ha sido afrontada por los poderes públicos y por los colectivos en convivencia, siendo muchas veces, en el mejor de los casos, la tolerancia desde la hegemonía de una de las partes.

Los conflictos, las catástrofes climáticas, los colapsos económicos y todo un catálogo de crisis, unidos a la mejora de las comunicaciones, ha provocado la era de más movilidad humana de la historia. Y esto es lo que nos lleva al choque cultural que se da en nuestras sociedades.

En general, en la historia de la humanidad se ha hecho un uso manipulativo de esta diversidad cultural, poniéndola al servicio de intereses económicos (esclavitud, explotación) y políticos (racismo, xenofobia). Partiendo de diferencias aparentemente descriptivas se ha llegado a marginaciones de todo tipo: discriminación étnica (moro, judío, gitano, etc.); desprecio desde una perspectiva evolutiva social (el primitivo y el bárbaro frente al civilizado); persecución religiosa (fieles e infieles) y las ya mencionadas comparaciones despectivas respecto al progreso (desarrollado- subdesarrollado).

Queremos proponer, como necesidad educativa de la sociedad que desde el Movimiento queremos mejorar, el abordaje de la educación en diversidad cultural.

Herramientas educativas para la diversidad cultural.

Desde un punto de vista educativo la postura general tradicional ha tenido traducciones educativas en lo escolar: asimilación de los alumnos a la cultura mayoritaria para que se liberen de sus características “étnicas” y se integren en esta; agrupar los alumnos según diferentes culturas y de este modo, al menos en la realidad, se dificultan los intercambios y se propicia la segregación; la diferencia se ha considerado como un déficit y para ello se ha promovido políticas compensatorias para favorecer la integración en la cultura mayoritaria. Esta práctica se ha llevado después a prácticamente todo tipo de entorno educativo, perpetuando la similitud existente entre la cultura educativa y la sociedad industrial: la producción en serie de una sociedad homogénea como producto final.

Esta propuesta de herramientas para los grupos empieza estableciendo necesariamente que no es correcto que la educación intercultural deba ser hacia los colectivos minoritarios para que logren integrarse, ni tampoco para la mayoría para aceptarlos y tolerarlos, sino hacia el total del conjunto social para la convivencia.

Analizar todos los retos que da esta perspectiva multi e intercultural a nuestro trabajo educativo es una tarea gigantesca. Un enfoque que tenga en cuenta todos los problemas multiculturales y la relación intercultural nos obliga a darle varias vueltas a las partes más fundamentales de nuestros contenidos educativos y crear múltiples procesos de cambio ya que en cada decisión sobre contenidos o métodos hay diversas opciones. Debemos tener en cuenta que el curriculum formal de nuestras ramas en las escuelas es, en su esencia, un proyecto cultural seleccionado y estandarizado. Ejemplos de etnocentrismo cultural sería el enfoque principalmente europeo de la Historia (obviando África tras los egipcios, Asia en su totalidad y América hasta su pretendido “descubrimiento”), las Ciencias (prácticamente no se incluyen inventores o descubridores que no sean europeos o americanos y ni hablemos de inventoras o descubridoras), la Literatura (una vez más, sólo grandes relatos y lírica occidentales) o hasta la Educación Física (juegos y ejercicios puramente occidentales, sin visos de diversidad).

La necesidad de nuevos modelos educativos resilientes ante la diversidad cultural es palpable en ciertos grupos. En investigaciones previas a este artículo, ha llamado la atención las experiencias de formaciones scout en barrios de zonas desfavorecidas, cuyos cánones culturales no son los habituales del movimiento. Destacan que la metodología no ha resultado por estar poco adaptada a ciertas realidades y que solo a partir de adaptaciones mediante identificación y focalización de los puntos de interés han conseguido realizar un trabajo educativo con continuidad y resultados positivos.

Herramienta 1. Civilización como mestizaje: deconstrucción de la cultura hegemónica

Como hemos mencionado antes, en la actualidad se da la interesante paradoja de que aunque el mundo esté más interconectado que nunca y las interdependencias mucho más evidentes, se encuentran al mismo tiempo ideas etnocéntricas y de rechazo y el avance vertiginoso del pensamiento y la cultura únicas.

En este sentido pensemos en algunos aspectos de la vida (Elosua y otros, 1994): concepto de belleza, relación con los animales, reglas para las relaciones padre/hijos, modo de relacionarse entre superiores/subordinados, concepto de “pecado”, prácticas de relaciones de amor, ritmo de trabajo, concepto de liderazgo, modelo de toma de decisiones en grupo, concepto de limpieza, teorías sobre enfermedades, conducta visual, concepto de movilidad social, preferencia por lo competitivo o la cooperación, modelos de conversación en diversos contextos sociales, definición de locura, naturaleza de la amistad, organización del tiempo, concepto de sí mismo, lenguaje corporal, modos de tratar las emociones, expresiones faciales, cómo se dispone de espacio físico, modo de entender la suerte, etc.

Aunque el potencial de diversidad de todos estos elementos es inmenso, existe desde nuestro entorno más cercano la tendencia etnocéntrica a definir otras culturas por lo que nosotros consideramos deseable o no. Se tiende a apreciar lo propio como lo posible. Nuestro trabajo empezaría por acercar la cultura heredada a nuestras actividades, de forma que el conjunto conviviente conozca y valore la diversidad de forma directa, aprendiendo a enriquecerse de ella. También enfatiza la importancia de la deconstrucción de prejuicios, mitos y estereotipos prefabricados sobre “los otros que no son yo”.

Debemos intentar, desde este enfoque, dotar a nuestros niños, niñas y jóvenes de destrezas de análisis, valoración y crítica de la cultura desde la que se está juzgando al mundo. Esta perspectiva es necesaria tanto desde las personas que se encuentran en ella como de las minorías que se encuentran juzgadas desde su etnocentrismo.

Imagen: Tom Gauld

Para ello podemos dotarnos de varios instrumentos:

-Desmembrar los elementos del mensaje único que intentan definirlo como “puro”. Hay que añadir las críticas que desde hace un tiempo se le hacen a la pureza cultural, que rascando un poco, es inexistente. Reivindicar, como hemos dicho, que dicha cultura hegemónica es el resultado de un mestizaje de siglos y que el afianzamiento de dichos elementos propios de occidente es meramente apropiación. Ejemplos como los números árabes, la medicina oriental, las técnicas y productos agrarios tropicales, las raíces de las técnicas comerciales egipcias y fenicias… dan una perspectiva mucho más humilde de lo que normalmente se vende como un producto terminado y uniforme. Desde ahí podemos deconstruir, elemento por elemento, el modelo cultural propio. Esto puede ser difícil, ya que probablemente implique cuestionar el núcleo de nuestra identidad, pero a la vez puede ser liberador, ya que es importante, por ejemplo, la creación de unas identidades no exclusivas. Una persona debe poder no tener conflictos entre su sentimiento nacional, orientación sexual y su religión, por poner un caso.

-Analizar sus principales contradicciones y fallos. Podemos enfocar como la visión etnocéntrica habla de la conquista de la igualdad de derechos y oportunidades al final de la Edad Moderna con la Revolución Francesa, pero aún hay importantísimas desigualdades de género, de clase y de origen sin solucionar más de dos siglos después. O cómo los modelos socio-económicos hegemónicos del siglo pasado (socialismo y liberalismo) que configuran los actuales están basados ambos en la idea del progreso económico indefinido y en el control de la naturaleza por el ser humano, falacia que ha resultado patente al verse de cerca los límites geofísicos del planeta. Reflexionar sobre lo universalizable del modelo bajo una perspectiva realista (¿realmente es viable que cada persona de este mundo tenga uno o dos coches, por ejemplo?) nos ayudará a ver la hipocresía y las fallas del sistema cultural que se pretende global. Conceptos a analizar como la belleza desde el punto de vista comercial-productivo, o la comunicación desde el tecnológico-social; ponen en el punto de la crítica el modelo desde el que se suele juzgar y criticar al resto.

-Emplear la idea de que la herencia cultural es permanentemente reconstruida. Generación tras generación, va cambiando, así que hay que desmitificar lo “tradicional” y ser capaces de cuestionarlo. Un enfoque interesante sería plantear un árbol genealógico de costumbres: ¿qué cosas hacían mis abuelos o padres que yo ya no hago? ¿qué cosas hacían cuatro generaciones atrás?¿Y qué harán dos más adelante? Reconocernos como eslabón de la reconstrucción constante de la cultura es el primer paso para revelar que lo que normalmente se toma como esencia no es más que un proceso, y este tiene su heterogeneidad (que entre otras cosas incluye las diferencias de género, asimetrías sociales, desigualdad económica, etc.)

-Es indispensable organizar experiencias de socialización basadas en valores de igualdad, reciprocidad, cooperación, integración en grupos diversos. Las diferencias culturales pueden llegar a verse difusas en entornos de real convivencia, ya que nos pone en cercanía con las realidades, las necesidades, las soluciones y los razonamientos de otras personas. Crear una ciudadanía abierta pasa por este tipo de soluciones, que partan de experiencias vivenciales.

Herramienta 2: Conocimientos y experiencias de diversidad cultural

También debemos reconocer los efectos recreadores de la convivencia cultural y utilizar la diversidad cultural como instrumento de aprendizaje social, ya que aumentan nuestro espectro creativo, nuestra resiliencia y la capacidad comunitaria de construir alternativas y soluciones innovadoras. Por ello, aquí el enfoque se pondría sobre lo que, en nuestro contexto, serían las minorías: analizar los factores que unen, los que diferencian, los que enriquecen y los que son susceptibles de compartirse. El objetivo es que se conozca y valore la diversidad de forma directa, aprendiendo a enriquecerse de ella.

-Difusión y enseñanza de los elementos culturales como diversos modos de expresar humanidad. Aquí se trabajaría directamente con contenidos, pero es mucho más rico si son los mismos individuos de dichas minorías o referentes de estas las que los introducen: así la enseñanza se adquiere desde la fuente y con más garantía de estar libre de sesgos, ya que viene implícita la experiencia real de quien la vive. Entrarían aquí, por ejemplo, el reconocimiento histórico de personajes, relatos y figuras referentes que han sido borradas de la historia o demonizadas por el pensamiento hegemónico, o la especial atención a conocer los procesos sociales y conquistas de derechos que se obvian en otros lugares desde el etnocentrismo europeo. También el reconocimiento de las distintas áreas geográficas, su estructura geopolítica tradicional y su patrimonio natural e histórico, reconocimiento del avance científico proveniente de otras culturas, sus avances tradicionales, sus enfoques al saber desde una perspectiva distinta a la productiva occidental.

-Vivencias y experiencias reales de encuentro e inmersión cultural. Aquí más que unos conocimientos a transmitir, es la persona la que ha de ser protagonista del ejercicio. Elementos culturales que son susceptibles de ser más vividos que entendidos, como la música, la gastronomía, el teatro, la danza, los ritos y ceremonias… Si en el apartado anterior el enriquecimiento era exponencial viniendo de los individuos de dichas culturas, en este instrumento se hace crucial su participación, por cuanto es capaz de hacer partícipe al resto de su cosmovisión desde sus propios sentidos.

-En cualquier caso, y paralelamente, en todo proceso formativo-educativo con enfoque de diversidad, es recomendable que haya referentes educativos con distinta herencia cultural. Para los que pertenecen a minorías es motivador y reforzador que haya una figura educativa con la que se puedan identificar y compartan un fondo común que con otros no tendrían; y para los demás, les pone de manifiesto que la corriente de conocimientos e intercambio cultural es bidireccional y rompe con la idea de roles educador-colonizador. Así se crean multiplicidades de referencias coexistentes con las que se rompe la imagen vertical multicultural.

-Deconstrucción del mito del bárbaro. Este enfoque parte del discurso predominante y universalista. Consiste en desmontar rumores, mitos, prejuicios, estereotipos… y todo aquello que en la práctica impide una coexistencia no marginal y enriquecedora. A menudo, ya sea por la tradición cultural o por los mensajes de medios de comunicación con contenido ideológico o político, se crean ideas fijas y preconcebidas con respecto a colectivos con los que se tiene poco o ningún contacto, pero que condicionan fuertemente los potenciales contactos futuros. Muchas veces incluso se asocian características de la pobreza o la propia marginalización a elementos culturales, creando un círculo vicioso de exclusión. Pueden existir en cualquier dirección y ser distintos en cada colectivo, por lo que las herramientas participativas son indispensables en este enfoque. Frases hechas, refranes, o eslóganes de incidencia política pueden ser muy dañinos si no se desmienten a tiempo o no se tratan como la idea estereotípica que son.

Es importante un trabajo fuerte en esta área si trabajamos con colectivos de recién adquirida diversidad, con gran segregación inicial o grupos homogéneos que no se relacionan con otros por culpa de estos mismos prejuicios. Si contamos con un grupo diverso, estrategias de conflicto cooperativo, en las que se manejen estos temas desde la asertividad, pueden ayudar a desmontar posibles conflictos negativos antes de que se produzcan.

Conclusiones

Estas herramientas deben ayudarnos a construir una sociedad plural, pero con identidad colectiva, que sea capaz de compaginar la universalidad humana y las particularidades culturales.

“Un mundo en el que sean posibles mil mundos.”

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