¿Cómo elegir nuestras botas?

3875296575_9f1eb0d77bHoy vamos a hablar de las botas de montaña, elemento indispensable para realizar nuestras caminatas por el campo, y que son las que nos van a permitir acceder con seguridad, y con comodidad, a todos esos maravillosos rincones que os recomendamos cuando nos vamos de ruta.

Mucha gente me hace la misma pregunta:¿qué botas me compro? Y siempre respondo lo mismo y “a la gallega”, con otra pregunta: ¿qué es lo que vas a hacer? Y es que dependiendo del tipo de incursiones que hagamos por el monte podremos tener diferente variedad de calzado, aunque básicamente tengan elementos comunes. Debemos tener en cuenta además, el tipo de terreno y la época del año ahí está el quid de la cuestión ya que sobre esas tres cuestiones se basan los fabricantes para ofrecernos distintos modelos.

Está claro que el calzado para el monte debe tener “caña”, y no me refiero con ello a que sea supermolón o que venga ya con unos cuantos kilómetros, sino a que debe ser alto. Esto nos va a ahorrar más de un susto si por descuido, o por mala suerte, resbalamos, ya que nuestro tobillo va a estar más protegido.

Si somos de los que hacemos pequeñas incursiones al monte y nos movemos por sendas, caminos forestales o veredas suavecitas deberíamos elegir unas botas de senderismo. Normalmente este tipo de botas no tienen que tener mucha caña, con algo mediano será más que suficiente, a no ser que realicemos escapadas en invierno, donde será más fácil que nos encontremos con algún charco o acumulación de nieve. Obviamente para ese caso, una caña un poco más alta evitará que el agua nos entre en el pie y acabemos con los pies empapados.

Si, además, somos un poco exploradores y nos salimos de los caminos más suaves, adentrándonos en terreno más agreste, deberíamos elegir unas botas de trekking. Y por último, si nos gusta llegar hasta lo más alto, donde nos encontraremos con nieve y hielo, por lo que tendremos que usar crampones, tendríamos que elegir unas botas de alta montaña o de expedición. Este último tipo de botas tienen la caña más alta para sujetar firmemente nuestros tobillos en esos terrenos tan inseguros y para evitar que se nos cale el pie con el agua.

Vale, genial, ¿y ya está? Pues no del todo. Yo prestaría especial atención a la suela de la bota. Está claro que debe tener tacos y ser antideslizante, porque vamos a salir al campo, no de compras por un centro comercial. Yo además evaluaría la flexibilidad de la misma, y pensaría si podría ponerle crampones a mis botas, que nunca se sabe, lo mismo en dos meses te has aburrido de ir de paseíto con Heidi y Pedro, y quieres algo más de acción, que no está la vida como para ir comprándose botas cada mes.

El resto de cuestiones son de lógica y son cosas que todos miramos cuando nos compramos calzado: la plantilla, la horma, y la estética. Este punto me encanta, porque la verdad sea dicha, las botas de montaña, son… raras. Sí, son raras, no son como unas botas de fútbol, estilizadas y aerodinámicas, ni como unas de básket, con sus cámaras de aire que parece que las han sacado del Discovery. No, las botas de montañas son muy bastorras, muy brutotas. Hace poco  acompañé a mi hermana a por unas botas y después de mirar durante bastante tiempo y probarse dos o tres… no se llevó ningunas, no sé yo si esperaría encontrar unas All-Star o algo así. Hay que hacerse a la idea de que vamos al campo y que en el campo a nadie le importa cómo sea tu calzado. Además, las botas de montaña son así de raras por el trote que se le va a dar, tienen que soportar mucha abrasión, roces continuos, tienen que sujetar firmemente nuestro pie, tienen que transpirar pero no calar, etc, lo que los hace ser como digo: bastorras.

Ya he visto los modelos y sé lo que quiero, ¿ahora cómo las ajusto?

Tenemos que seguir teniendo en cuenta varias cosas. Lo primero de todo, que el talón nos quede firmemente sujeto dentro de la bota y que los dedos de los pies, aun estando sujetos, deben poder moverse con un poco de libertad.

Las botas no pueden quedarnos justas ya que nos podría provocar mala circulación de la sangre; este es un detalle a tener muy en cuenta si vamos a realizar travesías de alta montaña, porque aumentaría el riesgo de congelación. A nivel “amateur”, recuerdo una excursión con unos amigos de los que uno llevaba unas botas una talla más pequeña; al revés de lo que pueda parecer, ¡cómo agradecía las subidas!, porque en las cuestas abajo se machacaba los dedos y, de hecho, acabó con las uñas destrozadas después de 12 kilómetros. Pero el remedio no es que las botas nos queden un poco más holgadas, porque eso nos provocaría rozaduras, ampollas y demás estropicios podales, y la verdad es que entre destrozarse los dedos y sufrir ampollas, no sé bien lo que prefiero…

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Para decidirnos finalmente entre los distintos modelos hay algo que se dice en todos los manuales de montaña y casi nadie cumple por no hacer pruebecitas delante de toda la peña, pero mi deber es comentarlo. Lo mejor es que vayamos a la tienda con unos calcetines similares a los que llevaremos cuando nos utilicemos las botas para tener una medida justa de nuestro tamaño de pie, y lo suyo sería pillar una mochila y llenarla con algo de peso para realizar las pruebas de manera realista. Con las botas atadas de manera correcta, debemos evaluar la estabilidad y robustez de la bota, canteando hacia ambos lados; examinaremos también si existe alguna costura, algún pliegue o algo que pueda restarnos comodidad, probando las botas al menos durante un par de minutos, y lo mejor sería realizar este examen de costuras tanto por dentro como por fuera.

Vía: www.nosoyundominguero.es

Ahora tú, ¿que opinas?

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