CAMPO DE TRABAJO DIA 15: LA CONVIVENCIA ENTRE CRISTIANOS Y MUSULMANES ES UNA REALIDAD

Comenzamos un día distinto que rompe con la rutina de permanecer instalados en el campamento de Mbour (¡¡si es que la rutina existe aquí!!). Madrugamos bastante ésta vez para salir en nuestros característicos autobuses, destino a Joal – Fadiouth. Lo único que sabemos a priori de éste lugar es que se trata de un pueblo formado por una zona en tierra firme, y otra sobre una isla. Una isla que curiosamente, crearon los pescadores del lugar a lo largo de los años. A base de amontonar toneladas y toneladas de conchas, fruto de sus labores en el mar.

Arrancamos  y tras un corto trayecto lleno de canciones, palmadas, y mezcla de ritmos blancos y negros, paramos  a hacer una visita obligada, en el camino de Joal Fadiouth: La casa de Leopold Sedar Senghor. Primer presidente de la era democrática de Senegal e icono para todos los senegaleses. Un guía, junto con la siempre impecable traducción de Fatou (nuestra senegalesa más andaluza), nos explicó como fue la vida de Senghor durante su niñez, quién fue su padre, su familia, costumbres, y por supuesto su casa. Allí nos hablaron de mezcla cultural, de intercambio religioso… Y pudimos comprobarlo cuando al terminar la visita pasamos al patio trasero donde un inmenso baobab (árbol sagrado para los animistas africanos), nos recibió y posó para nuestras incansables cámaras fotográficas. El mismo que hace un tiempo escuchó las oraciones de la familia Senghor y que fue testigo de quién sabe cuántas cosas.

Tras otro rato de carretera, cantando, viendo paisajes que en nuestras mentes se quedarán grabados para siempre y recibiendo el saludo de todo aquel que nos ve a través de las ventanillas del autobús, llegamos por fin a nuestro destino.

La primera sensación… ¡Qué calooooor! Es impresionante. Cuando crees que has pasado la mayor calor que se puede pasar, llegas a otro que te demuestra que siempre se puede sudar más. Pero así y todo, empapaditos en nuestras camisetas, nos encontramos encantados de llegar. Nos dejan a la orilla de un puente. En una orilla, nosotros y la parte musulmana de Joal Fadiouth. Frente a nosotros, un puente que llega a la parte católica. Y a su otra parte, una isla dominada por un llamativo campanario cuya cruz final se ve desde casi cualquier punto de la zona.
No paramos en todo el día. Antes de comer nos llevan a dar un paseo en canoa por los manglares. Después, vamos a la playa a intentar refrescar un poco el sofoco de la mañana. Y por último volvemos al lugar donde dormiremos. Para el almuerzo tenemos Yassa. Una vez más es un plato basado en arroz, aderezado con pescado y cebolla. Puede parecer algo simple, pero nada más lejos de la realidad.  

Durante la tarde, salimos a dar un paseo por la isla. Nos hablaron de las costumbres, de la forma de vida… Y por supuesto de interculturalidad. De hecho visitamos el cementerio, donde musulmanes y católicos entierran juntos a sus antepasados. Joal Fadiouth es un claro ejemplo de que la diversidad no tiene por qué llevar a conflictos innecesarios. Vimos con nuestros propios ojos cómo gente de creencias muy diferentes, viven en familia aceptando sus diferencias y reforzando sus semejanzas. Y a parte, nos percatamos de algo más. Si leías la fecha de nacimiento y fallecimiento de las tumbas, comprobabas que la inmensa mayoría de gente allí enterrada, había vivido en torno a los 90 y 100 años. Interesante dato, tratándose de un continente del que generalmente sólo tenemos mala publicidad en nuestros medios de comunicación. Lo que no nos suelen contar es la inmensa felicidad que transmiten en todo momento y las ganas de vivir que desprenden. Quizás sea uno de los motivos de que vivan tanto…

A la vuelta al campamento base en Joal Fadiouth, (un salón parroquial) llevamos a cabo una actividad de sensibilización contra el paludismo, en el que de nuevo se reúnen a un grupo de mujeres con niños pequeños, para hablarles sobre medidas preventivas para evitar la propagación y contagio de la enfermedad, y se les reparten mosquiteras. De nuevo, volvemos a perder agua y no sólo por el sudor, sino por la baba que se nos cae incesante al ver las caras de los niños y niñas allí reunidos. Disfrutamos un montón de ellos, sus juegos, sus risas y la amabilidad de sus madres.

Y después de la cena, el momentazo del día. Nos proponen asistir a una celebración de la etnia serere. Por supuesto, allá que vamos nosotros, expectantes.

Llegamos a una plaza, con la única iluminación de un foco. En ella, un montón de personas, colocadas en círculo ocupando la envergadura de la plaza. Y entre ellas, nosotros. De repente, las mujeres levantan a los niños de los bancos para recibirnos y ofrecernos asiento entre ellos. Nosotros un poco apurados, accedemos. Y de repente, un grupo de 5 hombres, comienzan a tocar. Llevan distintos instrumentos de percusión con los que empiezan a tocar ritmos imposibles de seguir. Pero para nosotros claro, no para ellos. Empiezan a acercarse a los músicos mujeres, niños y también compañeros nuestros de Scouts de Senegal que se animan. Y todos comparten sus bailes y su energía. Un momento inolvidable sin duda. La emoción me mantuvo callada casi todo el tiempo. Increíble.

¡¡Ba suba a todos!!

Celi Camargo

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